El mercado internacional de metales preciosos atraviesa un momento histórico. El oro alcanzó un nuevo máximo por encima de los US$ 5.500 la onza, impulsado por la depreciación del dólar y la creciente desconfianza de los inversores en los instrumentos tradicionales de política monetaria.

El lingote avanzó un 3,3% en la última jornada, sumándose al salto del 4,6% registrado previamente, el mayor avance diario desde marzo de 2020, en el punto álgido de la pandemia de covid-19.

Rally sostenido y factores geopolíticos

El repunte del oro se extendió por noveno día consecutivo, reflejando una huida masiva de los inversores de bonos soberanos y monedas. La escalada se enmarca en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes y dudas sobre la independencia de la Reserva Federal, factores que han fortalecido la llamada “operación de depreciación”. En paralelo, la plata también alcanzó un récord histórico, superando los US$ 120 la onza.

Christopher Hamilton, responsable de soluciones para clientes de Asia-Pacífico en Invesco Ltd., explicó: “El reciente repunte del oro refleja una alineación poco habitual de fuerzas, más que un único catalizador. La velocidad con la que rompe hitos subraya cuán rápido se está erosionando la confianza en las herramientas tradicionales de política”.

Impacto en bancos y mercados

El oro spot acumula una suba cercana al 30% en lo que va del año, mientras que la plata se ha disparado alrededor de dos tercios. Este rally prolongado ha comenzado a restringir la capacidad de los bancos para operar en el mercado de metales preciosos, reduciendo la liquidez y elevando la volatilidad. Simon Biddle, responsable de metales en Tullet Prebon (TP ICAP Group), advirtió: “Los bancos no tienen balances infinitos para operar metales preciosos. Los volúmenes de negociación han disminuido porque están asumiendo menos riesgo”.

La Fed y el escenario político

El último impulso al alza se produjo tras la decisión de la Reserva Federal de mantener sin cambios la tasa de interés, lo que llevó a los operadores a apostar por un giro más moderado en la política monetaria. Este escenario favorece a los metales preciosos, que no generan rendimiento pero se consolidan como refugio de valor. En este contexto, Rick Rieder, de BlackRock Inc., defensor de recortes más agresivos, aparece como uno de los principales candidatos a suceder a Jerome Powell en la presidencia de la Fed.

El dólar bajo presión

La depreciación del dólar ha sido otro factor clave. La venta masiva en el mercado de bonos de Japón, sumada a las preocupaciones por el elevado gasto fiscal, intensificó la presión sobre la moneda estadounidense. La especulación de una eventual intervención para respaldar al yen también contribuyó a abaratar los metales preciosos para la mayoría de los compradores.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimizó la caída del dólar al afirmar que no le preocupa la debilidad de la divisa. Sin embargo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, matizó la postura oficial al asegurar que la administración respalda una moneda fuerte y descartó una intervención directa en el mercado cambiario.

Un refugio en tiempos de incertidumbre

El oro y la plata se consolidan como activos de refugio en un escenario global marcado por la volatilidad, la incertidumbre política y las tensiones fiscales. La magnitud del rally y la velocidad de los movimientos reflejan no solo la búsqueda de seguridad por parte de los inversores, sino también un cambio profundo en la percepción sobre la estabilidad de las monedas y los mercados tradicionales.

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