El fuerte repunte del riesgo país, que volvió a ubicarse alrededor de los 700 puntos básicos después de haber perforado la zona de los 400 durante la gestión de Javier Milei, encendió señales de alerta entre inversores, empresarios y analistas financieros. Aunque existe consenso en que parte de la presión proviene del contexto internacional, en el sector privado crece la percepción de que los factores locales comenzarán a pesar cada vez más a medida que se acerquen las elecciones de 2027.

La discusión ya no gira únicamente sobre cuánto puede subir el indicador elaborado por JP Morgan, sino sobre si los niveles actuales representan apenas el comienzo de una etapa de mayor volatilidad financiera.


El mercado mira más allá del ruido internacional

En el Gobierno sostienen que la escalada del riesgo país responde principalmente al aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y al deterioro de los mercados globales.

Sin embargo, en el mundo empresario aparecen otras preocupaciones.

Una de ellas es la incertidumbre política vinculada a la continuidad del programa económico después de las próximas elecciones presidenciales.

“La duda es la continuidad o no del programa económico. A medida que nos acerquemos a las urnas, el mercado va a reaccionar según perciba más o menos probable la continuidad del actual rumbo”, resumió un integrante del denominado Grupo de los Seis.


La deuda de 2027 aparece como una preocupación creciente

Otro de los temas que genera inquietud entre empresarios y financistas es el cronograma de vencimientos que deberá afrontar el país en 2027.

En el sector privado observan con atención el desafío que representan compromisos por más de US$ 20.000 millones, pese a los anuncios realizados por el Ministerio de Economía para garantizar su cobertura.

Si bien Luis Caputo presentó una estrategia financiera para los próximos años, algunos analistas interpretaron como una señal de cautela la interrupción de nuevas emisiones de deuda en dólares bajo legislación local antes de completar el objetivo originalmente planteado.

Para algunos referentes del sistema financiero, el problema no es la imposibilidad de conseguir financiamiento, sino el encarecimiento de las condiciones de acceso en un contexto de riesgo país más elevado.


El factor político empieza a ganar protagonismo

Dentro del establishment económico aparece una idea cada vez más extendida: la capacidad de pago de la deuda no depende solamente de variables financieras, sino también de la confianza política que genere el Gobierno.

En ese marco, tanto Javier Milei como Luis Caputo buscaron transmitir tranquilidad al mercado mencionando potenciales fuentes extraordinarias de financiamiento y reservas para enfrentar eventuales tensiones cambiarias.

Sin embargo, persisten dudas sobre la capacidad de sostener el actual esquema financiero durante un año electoral que, históricamente, suele incrementar la demanda de cobertura en dólares.


Presión cambiaria en el horizonte

Más allá de las diferencias de diagnóstico, prácticamente nadie en el sector privado cree que la suba del riesgo país pueda ser neutra para el mercado cambiario.

La combinación de:

  • bonos soberanos bajo presión,
  • mayores rendimientos internacionales,
  • incertidumbre electoral,
  • y dudas sobre el financiamiento futuro,

alimenta las expectativas de una mayor volatilidad.

“Podemos tener un cimbronazo”, sintetizó una fuente empresarial consultada sobre el comportamiento del dólar durante el próximo proceso electoral.


Reservas y confianza, los próximos desafíos

Aunque el Banco Central logró mejorar el ritmo de compras de divisas y fortalecer parcialmente las reservas, los analistas advierten que el mercado exige señales adicionales.

Un informe de la consultora Criteria señaló que la atención seguirá concentrada en tres cuestiones centrales:

  • la capacidad del Gobierno de garantizar los dólares necesarios para afrontar los vencimientos futuros,
  • el acceso a fuentes alternativas de financiamiento,
  • y la posibilidad de transformar la acumulación de reservas en una mejora sostenida de la percepción de solvencia de la Argentina.

Por eso, en buena parte del círculo rojo ya no se discute si el riesgo país puede volver a los 700 puntos, sino si ese nivel terminó convirtiéndose en el nuevo piso de una etapa marcada por la incertidumbre financiera y política.

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