La misión Artemis II de la NASA entró en una fase crítica de su histórico viaje a la Luna. Tras completar el sobrevuelo del satélite natural, la cápsula Orion encendió sus motores y realizó con éxito la primera corrección de trayectoria de regreso a la Tierra, conocida como RTCB (Return to Earth – Trajectory Correction Burn). Este ajuste de propulsión permitirá encarar la maniobra final de reingreso, una técnica denominada “reentrada con salto” (skip reentry), considerada una de las etapas más peligrosas para la tripulación.
Qué implica la “reentrada con salto”
A diferencia de un descenso directo, la cápsula Orion ingresará a la atmósfera con un ángulo preciso que le permitirá “rebotar” brevemente en las capas superiores antes de volver a elevarse y completar el descenso final. Este movimiento controlado busca disipar parte de la energía acumulada y reducir tanto la carga térmica como las fuerzas G que enfrentan los astronautas.
La maniobra es clave para evitar riesgos extremos:
- Un ángulo demasiado pronunciado podría generar fuerzas peligrosas para la tripulación.
- Un ángulo demasiado bajo podría provocar un rebote sin control y la pérdida de la nave en el espacio.
Durante la fase más intensa, el escudo térmico de Orion alcanzará temperaturas superiores a los 2.700 °C, mientras la nave atraviesa la atmósfera a velocidades cercanas a los 40.000 km/h.
Tecnología y control automatizado
El escudo térmico de Orion, uno de los más avanzados jamás construidos, está fabricado con materiales ablativos que se desgastan progresivamente para disipar el calor y proteger el interior de la cápsula. Al mismo tiempo, la computadora de a bordo ajustará de manera constante la orientación de la nave para garantizar un descenso estable y seguro.
La maniobra también implica una interrupción temporal de las comunicaciones, producto de la formación de plasma alrededor de la cápsula, lo que añade tensión a la fase crítica.
La “Super Bowl del aterrizaje”
El regreso culminará con una secuencia milimétrica de despliegue de paracaídas, conocida como la “Super Bowl del aterrizaje”. En total, 11 paracaídas deberán abrirse de forma escalonada: primero los de frenado, luego los de piloto y finalmente los principales, que reducirán la velocidad hasta unos 27 km/h antes del impacto controlado en el océano Pacífico. Aunque la ingeniería permite aterrizar con menos unidades, cualquier fallo en la sincronización comprometería la estabilidad de la cápsula.
Un hito para la exploración espacial
Artemis II será la primera misión tripulada en aplicar la técnica de “skip reentry”, ensayada previamente en vuelos no tripulados. Para la NASA, el éxito de esta maniobra no solo garantizará la seguridad de los astronautas en su retorno, sino que también abrirá el camino hacia futuros viajes de larga distancia, como los proyectados a Marte.
