La Selección Argentina volvió a demostrar que, aun sin alcanzar su mejor versión futbolística, posee un corazón competitivo capaz de sostenerla en los momentos más adversos. En un partido durísimo, que recién se destrabó en el tiempo suplementario, el equipo de Lionel Scaloni venció 3 a 1 a una Suiza intensa, física y ordenada, y se clasificó nuevamente entre los cuatro mejores del Mundial 2026. Los goles de Julián Álvarez y Lautaro Martínez en el alargue sellaron una victoria tan sufrida como épica.

Un Mundial que exige más y concede poco

En una Copa del Mundo marcada por equipos de estructuras rígidas, bloques compactos y planes diseñados para neutralizar a los creativos, Argentina continúa sin encontrar la fluidez que la caracterizó en Qatar 2022. El equipo muestra voluntad, coraje y una resiliencia admirable, pero su funcionamiento colectivo sigue lejos del ideal.

Aun así, la Albiceleste avanza. Y avanza porque tiene un intangible que la distingue: amor propio, capacidad de reacción y una convicción que se impone incluso cuando el juego no aparece.

Frente a Suiza, Argentina volvió a padecer. Ganó como pudo, sin sobrarle nada, incluso después de ponerse en ventaja a los 10 minutos con un cabezazo de Alexis Mac Allister tras un centro perfecto de Lionel Messi. La igualdad suiza complicó el panorama y recién cuando el rival quedó con diez por la expulsión de Breel Embolo, el equipo pudo emparejar el trámite y comenzar a imponerse territorialmente.

Scaloni, decisiones en debate y un Messi intermitente

Lionel Scaloni, quien suele definirse con ironía como “culón”, atraviesa un Mundial donde algunas decisiones tácticas generan debate. Varios de sus soldados históricos no terminan de convencer y Messi, que venía sosteniendo actuaciones de alto nivel, tuvo un bajón pronunciado ante Egipto y volvió a mostrar dificultades frente a Suiza.

La Selección no jugó bien. Equipos que en otros tiempos hubieran sido superados con claridad hoy la complican. Jordania le marcó, Cabo Verde la llevó al suplementario, Egipto la obligó a una remontada agónica y Suiza la puso contra las cuerdas mientras el partido fue 11 contra 11.

Argentina ya no sorprende desde lo futbolístico. Algunos sostienen que los rivales le “tomaron la mano” a un sistema que antes era sinónimo de genialidad. Pero en entrega, en pasión, en capacidad de sufrir y levantarse, esta Selección no tiene rival. Si Qatar 2022 fue la obra maestra del juego, el Mundial 2026 es la obra maestra de la emoción.

Por qué Argentina sufrió tanto ante Suiza

Suiza jugó el partido que quiso: posesión, presión, duelos físicos y remates que exigieron repetidamente a Emiliano Martínez. El gol tempranero de Argentina no modificó el dominio helvético. Recién con la expulsión de Embolo, la Albiceleste pudo adueñarse del balón y avanzar con mayor claridad.

En los 15 minutos finales del tiempo reglamentario no logró quebrar el cerco suizo, pero en el suplementario acumuló situaciones: Lautaro, Nico González y Thiago Almada tuvieron chances claras. El muro rojo resistía, mientras el reloj avanzaba con la misma velocidad que en aquellas noches dramáticas de Qatar.

Hasta que apareció Julián Álvarez. Con una comba perfecta desde afuera del área, clavó la pelota en el ángulo superior izquierdo de Kobel y desató el desahogo argentino. Minutos después, un contraataque letal —con caño de Almada incluido— terminó en los pies de Lautaro Martínez, que selló el 3-1 y la clasificación.

Los rendimientos individuales

  • Messi: Intermitente, sin la explosión habitual. Buscó por derecha, por el medio, pero no encontró sociedades ni precisión.
  • Mac Allister: Gol decisivo, pero poca influencia posterior.
  • Enzo Fernández: Irregular, sin el dominio que suele ofrecer.
  • De Paul: Mucho esfuerzo, poca claridad.
  • Lisandro Martínez: La figura defensiva, recuperando nivel tras partidos flojos.
  • Dibu Martínez: Varias intervenciones clave que sostuvieron al equipo en momentos críticos.

La expulsión de Embolo fue determinante: Suiza perdió a su principal referencia ofensiva y Argentina ganó metros y confianza.

El desahogo y lo que viene: Inglaterra

El final fue una mezcla de angustia, épica y alivio. Argentina acumuló pases, insistió, buscó por todos lados y encontró los goles cuando ya no quedaba margen para el error. La Selección jugará los ocho partidos del Mundial, una marca reservada para los mejores.

Ahora se viene Inglaterra, nada menos. Un clásico histórico, una semifinal cargada de simbolismo, tensión y memoria futbolística.

Este Mundial 2026 parece estar diseñado para sufrir. No hay belleza como en Qatar, no hay dominio, no hay brillo sostenido. Pero hay algo que nunca falta: el ADN de la Scaloneta. Coraje, solidaridad, jerarquía en momentos clave y una convicción que sostiene al equipo incluso cuando el juego no aparece.

Argentina está otra vez entre los cuatro mejores del mundo. Y aunque los scalonistas pidan más fútbol —porque saben que este equipo tiene con qué— la Selección sigue demostrando que, cuando el corazón late fuerte, nada es imposible.

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