La comunidad científica internacional volvió a encender las alarmas: el glaciar Thwaites, conocido como el “glaciar del Juicio Final”, se derrite a un ritmo mucho más acelerado de lo estimado. Un estudio reciente advierte que podría perder hasta 200 gigatoneladas de hielo por año hacia 2067, una cifra que supera incluso la pérdida total actual de la capa de hielo antártica.

Un coloso en retroceso

El glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida Occidental, es considerado uno de los pilares de estabilidad del continente. Su tamaño es comparable al de Florida o al Reino Unido y contiene suficiente agua dulce como para elevar el nivel del mar global hasta dos metros en caso de colapso total. Los datos satelitales muestran que su retroceso se aceleró cinco veces desde la década de 1990, convirtiéndolo en uno de los glaciares más dinámicos y vulnerables de la región.

Hallazgos científicos

El estudio, publicado en Geophysical Research Letters y liderado por la Universidad de Edimburgo, utilizó modelos de capa de hielo calibrados con observaciones satelitales de elevación y flujo. A diferencia de investigaciones previas, incorporó la geografía del lecho rocoso antártico, revelando que las depresiones profundas tierra adentro —de hasta 100 kilómetros— actúan como catalizadores del deshielo. Esta configuración geológica favorece la inestabilidad y acelera la pérdida de masa.

Consecuencias globales

La proyección de 200 gigatoneladas anuales implicaría un aumento adicional del nivel del mar de 0,5 milímetros por año, superior al aporte combinado de todos los glaciares de montaña del planeta. El impacto sería directo sobre las grandes ciudades costeras, desde Nueva York hasta Shanghái, y pondría en riesgo a cientos de millones de personas.

El glaciólogo Daniel Goldberg, autor principal del estudio, fue categórico: “Esa tasa podría aumentar con rapidez y provocar un colapso. Sería catastrófico para cientos de millones, si no miles de millones, de personas en las ciudades costeras del mundo”.

Un proceso lento pero irreversible

Los investigadores advierten que el glaciar responde con extrema lentitud al cambio climático. Hoy está reaccionando a alteraciones ocurridas en las décadas de 1980 y 1990, lo que significa que incluso una reducción drástica de las emisiones actuales tardaría décadas o siglos en mostrar efectos positivos. Goldberg lo resumió con crudeza: “Podría pasar un siglo antes de que cualquier cambio que hagamos hoy se haga evidente en la pérdida de masa de Thwaites”.

La puerta de entrada al colapso antártico

El retroceso del glaciar Thwaites convierte a esta masa de hielo en una verdadera “puerta de entrada” al colapso de la Antártida Occidental. Su desestabilización podría arrastrar consigo enormes volúmenes de hielo del interior del continente, acelerando un proceso que los científicos consideran difícil de frenar y con consecuencias a largo plazo para la humanidad.

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